Principios del Siglo XX

Historia de Valencia

La crisis del 98

La derrota militar de 1898 a manos de los EE.UU. que supone la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

En 1902, concluye la regencia de Mª Cristina y  Alfonso XIII, tras su mayoría de edad, toma el trono de España, heredando la España en crisis tras el desastre de desastre del 1898 y la pérdida de las últimas colonias del antaño glorioso Imperio colonial español. La pérdida de estas colonias hace despertar al pueblo español, consciente del final de toda una época y se sume en una profunda crisis de identidad nacional.

El reinado de Alfonso XIII

Alfonso XIII continuó basando su tarea de gobierno en el turno de pacífico de partidos, en la alternancia entre liberales y conservadores, y marginando al resto de fuerzas políticas (republicanos, nacionalistas, socialistas y anarquistas). Concretamente, en estos primeros años constituyeron gobiernos los conservadores Silvela-Polavieja y Antonio Maura.

España trató de acercarse a las grandes potencias europeas (Francia, Inglaterra y Alemania) y participar en el reparto de África que estaban llevando a cabo. Marruecos se convirtió en el nuevo objetivo colonial español, debido al interés de los militares de recuperar el prestigio perdido y obtener rápidos ascensos y al de los empresarios de explotar las minas de hierro del Rif. Por otra parte a Gran Bretaña le interesaba mantener el equilibrio estratégico en el estrecho de Gibraltar, impidiendo que fuera controlado en exclusiva por Francia.

En 1904 una declaración franco-británica reconocía los intereses españoles en la costa mediterránea de Marruecos. La Conferencia internacional de Algeciras (1906) acordó que Francia y España se repartieran Marruecos: España ocuparía la inhóspita y montañosa región del Rif, donde ya tenía soberanía en Ceuta y Melilla, mientras el sur quedaba bajo protección francesa.

Al principio se intentaron acuerdos diplomáticos con las tribus rifeñas (kabilas) muy belicosas. La ocupación militar comenzó en febrero de 1909, gobernando Maura. El ejército colonial, mal dotado, sufrió muchas bajas en el Barranco del Lobo (1909)[1]. La noticia de la masacre conmocionó a toda España, pero especialmente a Barcelona, lugar de procedencia de la mayoría de los cerca de mil hombres muertos en el desigual encuentro bélico y donde se desarrolló una violenta insurrección: el levantamiento popular conocido como Semana Trágica de Barcelona. El ejército será el encargado de reprimir tan violentamente la revuelta, que Maura se verá obligado a dimitir, dando lugar a la formación de un gobierno liberal liderado por José Canalejas (1910).

Gobierno Liberal de 1910 a 1913

Los liberales comienzan a realizar algunas reformas que se toparán con un escollo imprevisto: el asesinato de Canalejas a manos de los anarquistas en 1912, con el que se abrirá un periodo de gran inestabilidad que conducirá de nuevo a los conservadores al poder en 1913.

Gobierno Conservador de 1913-1917

El gobierno autoritario del conservador Eduardo Dato no pudo hacer frente a los problemas crecientes:

  • El descontento social genera amplios movimientos de protesta
  • Los grupos políticos se oponen frontalmente al autoritarismo
  • Los militares se enfrentan a la política del gobierno
  • Los sindicatos convocan una huelga general para derrocar al gobierno

Tiempos de Crisis de 1917-1923

La situación hizo necesaria la formación de gobiernos de concentración, integrados por liberales, conservadores y nacionalistas catalanes.

Pero la situación era cada vez más insostenible:

·         Los sindicatos iban aumentando su poder y daban cobertura a una fuerte conflictividad social, especialmente en el campo andaluz y las áreas industriales de Barcelona, en un enfrentamiento violento a la patronal y a los grupos políticos más conservadores.

·         Se sufre una estrepitosa derrota en Annual (Protectorado del Rif –Marruecos-).

La dictadura del General Primo de Rivera 1923 a 1930

Así, con el consentimiento de Alfonso XIII se produce un fenómeno similar a la Italia del momento. Por temor a la revolución social, el rey consiente el golpe de Estado del general Primo de Rivera.

El general lleva a cabo una acción de gobierno totalitaria que desplaza las libertades políticas y apoya las demandas proletarias en favor de la recuperación económica. Estabiliza el país alcanzando acuerdos con estamentos tan distintos como los socialistas de la Unión General de Trabajadores (UGT), los militares tradicionalistas y la institución monárquica. Se trata de un régimen de consenso, que se establece con el objetivo de dar soluciones a los problemas que estaban sucediendo en España, y que cuenta con los grupos sociales más amplios.

Primo de Rivera contó, en un principio, con una revalorización de su persona gracias a la victoria en la guerra de Marruecos. La dictadura del general Miguel Primo de Rivera resistió mientras hubo bonanza económica, pero en cuanto la coyuntura internacional se volvió contraria a partir de 1929, España no tenía capacidad para remar contracorriente y el general se vio obligado a dimitir frente a la presión social el 28 de enero de 1930 y se exilió a París.

El rey Alfonso XIII encarga al general Berenguer la normalización del país, comenzando por la situación política: se trataba de volver a convocar elecciones, de volver a un sistema democrático.

Las elecciones de 1931 se planteaban, no ya como una mera elección de partidos para gobernar, sino que eran toda una reválida de la monarquía: los españoles se planteaban la elección del régimen deseado, se planteaba la elección entre monarquía y república.

La sociedad (1902-1931)

La población

La población española creció de forma lenta pero continua en el primer tercio del siglo pasando de 18,6 en 1900 a 23,5 millones de habitantes en 1930. La caída de la tasa de mortalidad, basada en las mejoras sanitarias, fue la razón de este incremento demográfico.

Durante este siglo se triplicó la población de la ciudad, pasando de 213.550 en 1901 a 233.348 en 1910, 320.195 en 1930 y llegando a 739.014 en 2000 y se convertiría en el centro de un área metropolitana de más de 1,5 millones, tercer área demográfica, industrial y económica de España.

Sin embargo, la elevada mortalidad infantil, una de las más elevadas de Europa, era prueba del atraso relativo del país. La mayor catástrofe sanitaria fue la epidemia de gripe de 1918-1919, que causó la muerte a 230.000 personas, de un total de ocho millones de enfermos. Conocida en el mundo como la “Gripe Española” causó más muertos en todo el planeta que la Segunda Guerra Mundial.

Junto a la emigración interior del campo a las ciudades, que llevó a una creciente urbanización del país con el cincuenta por ciento de la población urbana en 1930, destaca la emigración exterior, con más de un millón de españoles que partieron para América Latina (Cuba, Argentina…). El auge de la emigración tuvo lugar antes de la I Guerra Mundial.

El censo de 1930 arroja una cifra por entonces de 320.195 habitantes.

La evolución social entre 1900 y 1930

La sociedad española siguió siendo a lo largo de este período una sociedad marcada por grandes diferencias de riqueza entre los diversos grupos sociales.

Los grupos ligados a la industria y a las finanzas tuvieron un peso creciente en los clases altas. Muchos nuevos burgueses, enriquecidos con los fabulosos negocios propiciados por la Gran Guerra, se fueron integrando en la vieja oligarquía dominante.

En un fenómeno ligado al proceso de urbanización, las clases medias experimentan un aumento significativo en este primer tercio del siglo XX. Estas clases medias, a veces golpeadas por dificultades económicas, fueron girando hacia posturas políticas de oposición al régimen de la Restauración, ligándose a los grupos republicanos o nacionalistas en Cataluña y el País Vasco.

Dos fenómenos destacan en lo referente a las clases populares: el crecimiento numérico de la clase obrera, cada vez más organizada en torno a los sindicatos CNT y UGT, y la pervivencia de una amplia masa de jornaleros sin tierra en el sur del país, en una situación social desesperada que les llevará hacia posturas políticas cada vez más radicales.

El movimiento proletario

Los socialistas, PSOE y UGT, se implantaron esencialmente en Asturias, País Vasco, Madrid y  zonas del campo andaluz. Mientras los anarquistas y su sindicato la CNT asentaron su predominio en Cataluña, Aragón, Levante y Andalucía.

El PSOE, al igual que los demás partidos socialistas europeos, vivió una importante crisis a partir del triunfo de la revolución soviética en Rusia en 1917. Finalmente, la mayor parte del partido se negó a adherirse a la Internacional Comunista propugnada por Lenin. Un pequeño grupo se escindió y fundó en 1921 el Partido Comunista de España (PCE).  Los comunistas eran un grupo muy minoritario en 1930.

El 20 de julio de 1917 el sector de lo ferroviarios de la CNT inicia una Huelga desde Valencia que se extiende rápidamente a otras ciudades, dando lugar a distintos enfrentamientos.

Los anarquistas también vivieron fuertes tensiones entre los partidarios de la lucha pacífica y la facción más extremista y revolucionaria. Estos últimos formaron en 1927 la Federación Anarquista Ibérica (FAI), que tendría gran influencia en la Segunda República.

Los sindicatos católicos, minoritarios, se desarrollaron especialmente en las regiones del norte, donde predominaba el minifundio y de la pequeña propiedad campesina. En 1917 se agruparon en la Confederación Nacional Católico-Agraria.

El desarrollo industrial

En 1900 España seguía siendo un país agrario. Esta situación no cambió en lo sustancial, a lo largo de las primeras décadas del siglo.

Si hubo, sin embargo, cambios significativos en el sector industrial. Creció la producción minera y siderúrgica, especialmente en el País Vasco, y se desarrollaron nuevos sectores como el eléctrico y el químico.

Diversos factores dificultaron un mayor crecimiento industrial: la excesiva concentración geográfica de la industria en Cataluña y el País Vasco, la dependencia de la tecnología extranjera y la debilidad del mercado interior.

La Hacienda y el sector bancario

En los primeros años del siglo los gobiernos de la Restauración llevaron a cabo una política de saneamiento de las finanzas públicas. La reducción de los intereses de la deuda, el control de los gastos del Estado y el aumento de los impuestos propiciaron un ciclo de nueve años, 1900-1909, de presupuestos con superávit, algo nunca visto en la historia reciente de nuestro país.

La ley de 1899 transformó al Banco de España.  El banco estatal pasó a controlar la emisión de billetes, lo que permitió limitar la inflación y conseguir la estabilización de la peseta, básica para el comercio exterior.

En estos años se fundaron los principales bancos del futuro, como los de Bilbao, Vizcaya, Mercantil de Santander, Hispanoamericano (fundado con capitales repatriados de Cuba) o el Español de Crédito.

Consecuencias económicas de la Primera Guerra Mundial

La Gran Guerra trajo un boom económico para el país. La situación de neutralidad permitió un crecimiento considerable de la producción y de las exportaciones de materias primas, carbón y manufacturas. La desaparición de la competencia extranjera de los países beligerantes y la enorme demanda para su abastecimiento de estos mismos países en conflicto explican el auge económico.

Sin embargo, el fin de la guerra y de la demanda de los países beligerantes acabó con la euforia y desencadenó la crisis. El mercado interno no fue capaz de sustituir a las exportaciones. Muchas empresas tuvieron que cerrar. Las clases trabajadoras, que ya habían sufrido un importante proceso inflacionario durante la guerra, fueron las que más damnificadas por la nueva situación.

No todos los sectores económicos se vieron igualmente afectados. El siderúrgico y el químico se modernizaron; los ferrocarriles y la minería pasaron a manos nacionales al retirarse el capital extranjero; mientras que sectores como el textil o la agricultura pasaron por mayores dificultades al no haberse modernizado.

De la crisis a la euforia de los años veinte

Las dificultades económicas europeas ayudaron a que la crisis se prolongara hasta 1924. El golpe de estado de Primo de Rivera se dio en un contexto de dificultades económicas. Sin embargo, paralelamente a lo que estaba ocurriendo en Europa, la segunda mitad de los veinte coincidió con un nuevo período de euforia económica.

La recuperación económica permitió que la Dictadura llevara a cabo una ambiciosa política de inversiones en infraestructuras. En esos años se introdujeron novedades que tendrán una larga repercusión en nuestra economía: se crearon las Cuencas Hidrográficas para el desarrollo del regadío, se invirtió en la red ferroviaria nacionalizándose las líneas, se estableció el monopolio de petróleos (CAMPSA) y la Compañía Telefónica.

Se construye el mercado central y el de Colón, y en 1921 se terminan las obras de la estación de ferrocarril, denominada estación del Norte.

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