El problema menos importante es la lengua

Las investigaciones históricas revelan datos que no a todos gustan

Entrevista publicada en el diario ‘Levante’ el 13 de marzo de 1977

¿Que editoriales han publicado su obra?

La mayor parte han sido dadas a la estampa por la revista del Consejo. Y desde hace unos años, desde que cree la editorial que lleva mis iniciales, se ha publicado todo en Valencia a mis expensas.

Nuestra tarea de hoy es ingrata. No se trata de glosar éxitos, sino de deplorar perdidas y omisiones, de hacernos voz de un descontento y de una amargura; de trasladar a la sociedad, por medio del periódico, los de una voz que clama en las aulas Universitarias, para que sea escuchada en el ágora. El mal que peor remedio tiene es el que se desconoce. Cualquier punto de los que llevamos en mente es bueno para empezar.

Profesor Ubieto ¿como ha nacido esta publicación y que finalidad persigue?

Desde hace algún tiempo estamos sosteniendo que la personalidad Valenciana se ha diluido tanto, que casi, prácticamente, no existe. Hoy, un vasco y un navarro, saben por que son vascos o son navarros; un valenciano no lo sabe. Y eso es así sencillamente, porque las características valencianas, que surgen en el siglo XIII, se han disuelto en gran parte. Entonces la idea que tenemos es la de estudiar que es lo que fue Valencia, con objeto de que la personalidad Valenciana vuelva a resurgir.

¿Quienes son los colaboradores de la revista?

Pensamos, que en principio, colaborara todo el profesorado de este departamento. Pero observé que el número uno está hecho por el Departamento de Historia Antigua que dirige el Profesor Julián San Valero. Tenemos ofrecimientos muy abundantes de los Departamentos de Moderna y de Contemporánea, de Geografía y, prácticamente de todas las actividades afines, en el más amplio sentido Universitario. También tenemos ofertas de gentes que no viven dentro del Reino de Valencia.

Hoy, ahora, los estudios históricos sirven de base a polémicas que a veces cobran altos grados de acidez. Usted tendrá su punto de vista sobre esto. ¿Quiere dárnoslo?

Por supuesto, conozco todo eso perfectamente. Creo que hay en eso ideas muy interesadas, tras las cuales hay un trasfondo económico fundamental que está desvirtuando la historia de Valencia en interés de unos grupos determinados.

La publicación de “Temas valencianos”. ¿Tiene alguna finalidad de clarificación en ese sentido?

Nosotros nos hemos propuesto solamente dar a conocer los resultados de las investigaciones. ¿Que es lo que dicen los documentos?. Los documentos dicen esto, pues nada más que esto. Si eso coincide con una postura política de un grupo determinado, eso es pura coincidencia. A nosotros nos es indiferente.

Los temas están al alcance de todas las fortunas culturales e intelectuales?

Yo creo que lo que en ellos se diga lo entenderán todos los Valencianos. Hemos hecho un número cero, que se ha repartido a distintas personas de un nivel muy diferente. Y hasta ahora todo el mundo lo ha entendido a satisfacción. Evitamos la cita textual o la cosa puramente técnica, que solamente el profesional de la historia puede comprender. Es una obra de pura divulgación.

¿Que temas van a salir?

Los primeros temas van a ser los más candentes en estos momentos. Ahí tiene usted el del Profesor San Valero sobre “El pueblo, cultura y lengua de Valencia”. El segundo a cargo de la doctora Cabanes Pecourt, va a tratar de como se reparte la ciudad cuando es reconquistada por los cristianos. El tercero es mío y está en parte ya compuesto. En el se ve como hay dos mentalidades totalmente distintas en la Corona de Aragón cuando se plantea el problema de la ocupación de Valencia. Uno de tipo aragonés, donde lo que prima es la Reconquista.

Hay que reconquistar las tierras, sea como sea. Este ideal de reconquista en Cataluña no existe por una cosa muy sencilla: por que no tiene fronteras con los musulmanes a partir de 1449. Esta es una primacía que irá en este trabajo. Los catalanes vienen por un espíritu quizás más noble que el anterior, de tipo religioso. Vienen sencillamente para lucrar unas gracias espirituales y, naturalmente se vuelven cuando han lucrado tales gracias.

Económicamente, ¿como se va a cubrir todo esto?

Pues, como se está cubriendo: en realidad, todo lo que se ha hecho ha sido a costa de mi bolsillo, prácticamente. No he encontrado ayudas de casi nadie, y cuando la he encontrado a sido tan difícil llegar al dinero prometido, que he renunciado ya a todo.

A propósito de dificultades y otros problemas, ¿es cierto que usted se va?

Llevo en Valencia va a hacer veinte años. He creado una colección de textos medievales que es famosa en todo el mundo. La puede usted encontrar en todas las bibliotecas norteamericanas, inglesas, etc. He encontrado estudiosos que se han desplazado a Harward o a San Francisco que la documentación española que buscaban estaba publicada en Valencia. He buscado colaboraciones económicas en todo el mundo. No voy a buscar instituciones. No he obtenido respuesta.

Propuestas de Universidades norteamericanas para investigar allí con toda clase de facilidades y medios, incluso llevándome los colaboradores que quiera. No lo he hecho hasta ahora por que he creído que mi obligación consiste en ayudar a cambiar la mentalidad histórica de los españoles, del pueblo. Pero he tenido tantos berrinches en Valencia, que ahora estoy ya hipersensibilizado y cualquier cosa que me hacen, me afecta mucho.

Ahora tengo ofrecimientos en otras partes para hacer lo que aquí no pude. La investigación supone dar a conocer una serie de problemas que a algunas personas les molesta que se esclarezcan. Para ellas, cuanto menos se investigue, mejor.

¿Es cierto, que tiene usted aquí, para investigar, unos fondos que harían felices a los historiadores extranjeros de casi todo el mundo?

Eso es, en parte, una de las mayores vergüenzas valencianas. Y lo digo porque las series que hay de moravetí (moneda musulmana de oro, que se pagaba al Rey, para que este no acuñase más) permite conocer el desarrollo de la demografía valenciana desde es siglo XIV hasta el siglo XVIII. En cualquier otro país del máximo desarrollo, el encontrar una lista de bautizos o de nacimientos hace a los historiadores poner los ojos en blanco. Por eso resulta bochornoso, el que todo este tesoro está aquí, en Valencia, muerto de risa.

El pensar que, por ejemplo, todos los fondos genoveses sobre comercio italiano, llenan uno o tal vez dos tomos, y con esto se está haciendo la historia del comercio medieval allí, y saber que aquí, un solo tomo puede alcanzar más volumen, más asientos que todo lo que hay para Italia para toda la Edad Media, y que esto va desde el siglo XIV hasta el siglo XVIII en la práctica, y que todo esto está por hacer, que falta dinero, a mi, por lo menos, me sonroja.

¿Quiere hablarnos de esa personalidad valenciana en deterioro que motiva tan encrespadas polémicas?

En el número tercero de “Temas Valencianos” llego a la conclusión, ahora que se habla tanto de gentes que vienen aquí en una época y en otra, resulta que, en el siglo XIII, la incidencia de gentes extrañas que vienen a conquistar el Reino aumenta la población Valenciana, dando una cifra muy alta, en un cinco por ciento.

Aunque esto no es de su especialidad, ¿que puede decirnos de la lengua de los Valencianos?

Esa cuestión está tan clara que no tiene discusión. Aquí viene una masa de población que, insisto, no llega al cinco por ciento. De es cinco, más de un cincuenta son aragoneses, y la minoría son soldados de la marca hispánica (ahora llamados catalanes).

Ya comprenderá que un cero coma tanto por ciento de catalanes no pueden traer un idioma. Esto, por un lado. Esto significa que el idioma es muy anterior a la conquista de Jaime I. He encontrado una serie de textos sobre como se habla Valenciano en Valencia en el siglo XI. Pero es que hace cosa de quince días, he recibido el más sorprendente de todos los trabajos, hecho por un gallego catedrático de la Universidad compostelana donde se estudia una carta escrita por una de Denia a doña Almudis, Condesa de Barcelona.

La carta está escrita en latín. Díaz y Díaz, el latinista a escala universal más prestigioso que tenemos es España, llega a la conclusión de que el señor que escribe esta carta en Denia hacia el año 1060 es alguien que está pensando en romance, que no sabe una palabra en absoluto de religión cristiana y que por tanto llamarle mozárabe a este hombre que es musulmán, es absurdo. He aquí un texto más de alguien que se expresa en romance, en Valenciano, en la Denia de la decimoprimera centuria.

¿Donde está el deterioro principal de la cultura valenciana?

En la pérdida de la personalidad, que está muy clara a lo largo de toda la Edad Media, con una forma de ser y de actuar, con una literatura, con una lengua, etc. El cuando se pierde, no lo sé, porque eso es historia contemporánea y no entra en el campo de mis investigaciones. Puede ser en el XVII o en el XVIII. El caso es que una cosa trae la otra y la cultura valenciana está muy baja. El problema como causa o como efecto, radica en la disociación existente entre la Universidad y la sociedad.

El mismo proceso se ha observado en otras regiones españolas pero bastantes de ellas están iniciando renacimientos. En el de Valencia estábamos trabajando y por el nos esforzamos a diario en el departamento. Hay aquí, es esta ciudad, mucha historia enterrada que puede de nuevo traerse al recuerdo común y popular. Vemos con envida, con sana envidia, como en Cataluña, el capital, la empresa, ayuda con intensidad a la investigación histórica. Aquí, esto no sucede. Aquí, hemos pedido 25.000 pesetas, y no quiero dar nombres de instituciones ni de fábricas, para publicar unos textos medievales y no lo hemos obtenido. Era un trabajo destinado a conocer una técnica que se efectuaba en Valencia en el siglo XV.

Hay gente que opina que para ser Valenciano, para tener esa personalidad, es preciso cinscunscribir tal concepto al ámbito de la catalanidad. ¿Que opina de ello el profesor Ubieto?.

Muchas veces he recordado que, en 1945, en la Catedral de Lérida, donde tenía que hacer un trabajo, encontré un letrero que decía: “Si eres español, habla la lengua del Imperio”. Me dio tal vergüenza y tal asco, que empecé inmediatamente a aprender catalán. Mi afecto por Cataluña está demostrado. Ya comprenderá que no soy anticatalanista, como no soy ni antiandalucista, ni antigalleguista.

Pero no creo que los valencianos puedan encontrar la solución a sus problemas convirtiéndose en catalanes de segunda. Tratar de catalanizar Valencia solo puede basarse en un desconocimiento tremendo de la historia de ambas regiones. El profesor Juan Begiá, y no es sospechoso de anticatalanismo, me decía: “Estos valencianos no se dan cuenta de que siempre que Cataluña sube Valencia cae, y al revés. Difícilmente podemos ir a la par”. Creo que el testimonio es válido. Y otra cosa: la gente plantea el problema en función de la lengua. Alguna gente, al menos. Y este es el problema menos importante.